Historias de vida Orden, respeto y oportunidades
Estas
son las experiencias de vida de siete argentinos que, con familia o solos,
para estudiar o a intentar tener un futuro laboral mejor decidieron radicarse
en Canadá. Todos ellos rescatan de este país el orden, el respeto y las
oportunidades que se les brindan a los inmigrantes. Rubén Ojeda vive desde julio en Montreal junto con
su esposa y tres hijos. Su historia es de las pocas en las que todo sale
bien, desde lo laboral hasta la adaptación a un país en el que bastante
diferente. Gabriel Fainzaig también vive en Montreal desde mediados
de los ´90, cuando logró un contrato en una empresa argentina en el área
agrícola. Intentó absorber los códigos de esta sociedad cosmopolita y tan
diferente a nuestra idiosincrasia. Martín Salerno , de 28 años, vive con su esposa en
Montreal desde hace un año y medio. Trabaja en el área de tecnología de una
empresa del sector farmacéutico. Lo más difícil que tuvo que superar fue
encontrar el primer trabajo, ya que en este país pedían antecedentes
laborales canadienses. Eduardo Guerrero tomó la decisión de vivir en Quebec para
avanzar en su especialidad: ingeniería electrónica. Le costó adaptarse al
frío de Canadá y a la personalidad de la gente, "que no es muy cálida
como los latinos". Destaca el respeto por el otro y el funcionamiento de
las instituciones. Julian Hermida viajó a Canadá para estudiar en 1999,
porque consideraba que podría avanzar más en su especialidad, el Derecho
aeronáutico y Espacial. Pero al finalizar sus estudios, él y su esposa
Florencia recibieron muy buenas ofertas laborales que no pudieron rechazar. Tuvieron
un hijo: Milton, de 4 años, que habla inglés, español y francés. Eduardo Ganeau es militar y viajó a Toronto para
realizar un intercambio con las Fuerzas Armadas canadienses y al finalizarlo
regresará al país. Tuvo que adaptarse a horarios, relaciones, hábitos, el
idioma, la escuela de sus hijas... Pero casi todo el cambio fue positivo. Gabriel Grosman es licenciado en Administración y tiene
35 años. Llegó a Canadá con su esposa Analía en enero del ´98. En la
Argentina trabajaba como analista financiero en Techint Argentina y daba
clases en la UCES. Actualmente trabaja como analista financiero en TD Bank. Tienen
un hijo, Eitan, de 9 meses. * * * Rubén Ojeda a mediados de 2001 empezó a plantearse
la decisión de irse del país. "La inseguridad social, la inestabilidad
política y económica y el desempleo creciente fueron el caldo de cultivo en
el que crecía nuestra idea de irnos. Para esa época, y después de estudiar
distintos destinos, decidimos iniciar nuestros papeles inmigratorios para
Canadá y específicamente Montreal por su espíritu latino en América del Norte
y su potencial científico y biotecnológico (áreas en las que trabajamos mi
esposa y yo)". "Los hechos de diciembre de 2001 transformaron en
una decisión aquello que hasta el momento manejábamos como una
alternativa." Con tres hijos, Rodrigo de tres
años, Federico de cinco y Martina de siete años en aquel momento, se
embarcaron en el proyecto planificando cada detalle: desde la salida hasta la
llegada. "Comenzamos a estudiar
francés (es la lengua oficial en esta provincia de Canadá) apenas decidimos
venirnos. Cuando tuvimos el visto bueno de migraciones de Quebec comenzamos a
buscar trabajo desde la Argentina, enviando mails a empresas y universidades.
A las pocas semanas Diana, mi esposa, recibió una oferta para una beca post
doctoral en el área de biología en el Hospital de Niños de Montreal,
dependiente de la Universidad Mc Gill." "Con trabajo para uno,
abandonamos la búsqueda de trabajo para mí: alguno debía cuidar los chicos
hasta que comenzaran las clases. Empezamos la búsqueda de lugar para vivir en
Montreal. Unos amigos que llegaron antes que nosotros nos alquilaron un
departamento. Era tiempo de vender auto, muebles y alquilar el departamento
de Buenos Aires. Así lo hicimos y finalmente nos vinimos. Llegamos a Montreal
el 1° de julio, día de Canadá." Había que reconstruir todo
nuevamente, comprar muebles y electrodomésticos y sobre todo transformar una
casa en un hogar. Mi esposa comenzó a trabajar a las pocas semanas de
llegados y los chicos empezaron el colegio en septiembre. En ese momento, y
con más tiempo libre, comencé a buscar intensamente trabajo. En octubre tenía
firmado un contrato con una empresa de biotecnología holandesa con sucursal
en Montreal." "Hoy, después de cinco
meses de estar acá, mis hijos se manejan fluidamente en francés gracias al
programa de acogida para inmigrantes de las escuelas de Canadá." "Mi esposa que es bióloga
trabaja en investigación, como lo había hecho durante muchos años en la
Argentina. Y yo que soy bioquímico estoy trabajando en una empresa de
biotecnología, al igual que lo hice durante siete años para una empresa en
Buenos Aires." "Nuestra historia como
inmigrantes fue muy afortunada; en parte por no haber dejado en este camino
cosa libradas al azar, en parte por la ayuda que recibimos de nuestros amigos
en Montreal y de la gente que generosamente hizo cartas de recomendación que
nos abrieron puertas para nuestro empleos; en parte porque la suerte estuvo
con nosotros." Rubén cuenta que la sensación
de vivir en ese país es dual. "Laboral y socialmente, vivimos una
tranquilidad que no teníamos en nuestro país y con perspectivas profesionales
más que interesantes. Diríamos que ganamos mucho en poco tiempo. Por otro
lado, y no menos importante, es que tenemos una sensación como de vacío por
haber dejado afectos que no podrán ser reemplazados jamás, y que tiran el
corazón para el sur. Digamos, entonces, que perdimos mucho en poco
tiempo". Gabriel Fainzaig: "Creo que uno nunca termina de irse
de su país de origen. Uno es parte de lo que deja y se lleva el resto. La
Argentina durante mucho tiempo echóo a su gente, con la indiferencia de sus
gobernantes y el dolor de las familias. Yo viví mucho tiempo fuera del país,
mas por motivos personales volví y regeneré mi vida nuevamente; esto fue
hacia mediados de los ´90." "Invertí dinero, esfuerzo,
tiempo y muchas esperanzas, y con el tiempo perdí casi todo, menos a mi
esposa e hija, mi fuerza y mi ilusión, esta última ya no ligada al
país." "A pesar de mi deseo de
permanecer en la Argentina, fue más fuerte la necesidad de superarnos lo que
nos decidió a dejar la Argentina, con todo lo que ello implica. Desgarros,
miedos, dolores de confusión, silencios abrumadores y la terrible
responsabilidad de decidir irse. Se dieron las cosas y logré un contrato para
representar una empresa argentina en el área agrícola." "Llegamos a Canadá, y poco
a poco comenzamos a adaptarnos. La vida no cambió al llegar sino al momento
de partir, mas ni bien llegamos a Montreal comenzamos una nueva vida,
intentando absorber los códigos de esta sociedad cosmopolita y tan diferente
a nuestra idiosincrasia." Martín Salerno , de 28 años, vive con su esposa en
Montreal desde hace un año y medio. Trabaja en el área de tecnología de una
empresa en el sector farmacéutico. Lo más difícil que tuvo que superar fue
encontrar el primer trabajo, ya que en este país pedían antecedentes
laborales canadienses. Los principales cambios se dan
en el invierno, que dura desde principios de diciembre hasta mediados de
abril. Es muy crudo, llega a hacer -40 grados de sensación térmica. Por las
mañanas, mientras se calienta el auto, con un cepillo le sacamos la nieve y
con una pala abrimos un camino para poder salir de casa. Eduardo Guerrero tomó la decisión de vivir en otro país
para avanzar en su especialidad: ingeniería electrónica. "Hice un
posgrado en Alemania en la parte de aviación y cuando regresé al país sentí
que no estaba en el lugar adecuado para poder crecer en este área debido al
poco desarrollo en aeroespacial en la Argentina en este campo." Le costó adaptarse al frío de
Canadá y a la personalidad de la gente, "que no es muy cálida como los
latinos". Destaca el respeto por el otro y el funcionamiento de las
instituciones. "La vida en Canadá es un poco difícil al principio, ya
que hay que acostumbrarse al frío, el invierno es muy largo y hay muy poca
luz. Además, la gente no es muy cálida como somos los latinos y las formas de
relacionarse son muy diferentes. Todo eso hace que al principio la vida se
haga un poco dura. Es increíble, pero estando en Alemania me sentí mas cerca
de casa que aquí, al menos pude hacer más amigos alemanes que
canadienses." "Cuesta mucho hacerse un
lugar en lo laboral. Poco importa cuáles sean tus competencias, siempre debes
demostrar que sos más que la gente de aquí (desempleo en Quebec: 8.4%,
desempleo entre los inmigrantes diplomados: 19.4%) y ésto no es un tema
menor. Por ejemplo, a mí me costó más hacerme un lugar muy chiquito aquí en
Quebec que en Alemania, donde llegué a trabajar en Deustche Aerospace sin
mucho esfuerzo." "Sin embargo, debo decir
que no todo es negativo, pues hay muchas cosas que positivas como el hecho de
que la gente te respeta mucho, el sistema es súper organizado: uno puede
hacer previsiones pues no hay como en la Argentina grandes discontinuidades. También
el hecho de que las instituciones funcionan bien. Por ejemplo, la ley se hace
cumplir en un 100%. Uno sabe a qué hay que atenerse, qué puede hacer y qué
está prohibido." Esta es la historia de Julián
Hermida: "Me vine a Canadá a estudiar porque en la Argentina había
llegado a un techo dentro de mi especialidad, el Derecho Aeronáutico y
Espacial. Mi idea era perfeccionarme acá y luego volver a la Argentina. Lo
que pasó es que apenas terminé mi master en Derecho Aeronáutico y Espacial en
la Universidad McGill y no bien empecé el doctorado en la misma especialidad
me ofrecieron un puesto de abogado en la Asociación de Transporte Aéreo
Internacional (IATA), en la organización más importante del mundo, que fue
muy difícil de rechazar. A partir de ese momento, tanto mi esposa Florencia
como yo tuvimos varias ofertas de trabajo, lo que hizo que pidiéramos la
residencia permanente y nos radicáramos aquí. Hoy, después de haber concluido
mi doctorado y mi postdoctorado en Canadá yo trabajo como consultor en
materia aeroespacial para grandes empresas internacionales y mi esposa es
profesora en la Universidad." La vida de Julián, según sus
propias palabras, cambió para mejor. "No tenemos problemas económicos ni
de seguridad y estamos criando a nuestro hijo, Milton (tiene 4 años y habla
inglés, español y francés) en un sistema educativo de primerísimo nivel, que
en la Argentina es muy difícil de igualar. Tenemos acceso a medicina y
educación de primer nivel en forma gratuita y la universidad y distintas
organizaciones canadienses nos financiaron nuestros estudios de postgrado
casi en su totalidad." Eduardo Ganeau "En ningún caso el cambio fue una
opresión, salvo el teléfono para mi esposa e hijas en los primeros dos meses.
Canadá es un país para tomar como ejemplo acerca de cómo una sociedad con
dificultades geográficas, climáticas y demográficas puede estár teniendo un
crecimiento explosivo." Para Gabriel Grosman cambiar
de país no fue algo fácil de llevar adelante. A su mujer, Analía, le llevo 3
años pasar todas las trabas que existen para poder ejercer su profesión de
kinesióloga y fisioterapeuta. Durante esos tres años tuvo que trabajar como
asistente de fisioterapia, estudiar para los exámenes profesionales sobre el
total de sus estudios y recién entonces pudo obtener su licenciatura
profesional e ingresar a trabajar en un hospital. "Para aquellos que no
tenemos profesiones reguladas la batalla para volver al punto profesional
antes de emigrar es mucho mas ardua de lo que parece antes de mudarse. En la
Argentina me desempañaba como analista financiero en el grupo empresario más
grande del país. Antes de mudarnos, pensé que sería muy sencillo encontrar
trabajo, sin embargo no lo fue. Tardé cinco meses en conseguir el primer
trabajo full-time, cuando no me decían que estaba sobre-calificado, me decían
que no tenía experiencia canadiense." "Por eso, decidimos que
debía obtener algún certificado o título canadiense y nos mudamos a Toronto
donde realicé mi MBA en York University. Sin embargo, la explosión de la
burbuja tecnológica hizo que llevara bastante tiempo conseguir un trabajo. Finalmente,
pude entrar a trabajar en uno de los cinco bancos canadienses (TD Bank). De
allí en más la vida se normalizó, salvo por el hecho de que al mismo tiempo
que empecé a trabajar nació nuestro primer hijo, que hoy tiene 9 meses."
"Nuestra vida cambió,
tuvimos que aprender que las calificaciones no bastan para conseguir trabajo.
Que se quiera o no hay que tomar créditos, para crear historia crediticia sin
la cual no se puede obtener ni una tarjeta de crédito, ni una hipoteca para
comprar una casa o departamento." * * * ¿Cuáles fueron las
costumbres y tradiciones canadienses que más le impactaron? Rubén: "Creo que los horarios de las
comidas fue lo que más me llamó la atención. Durante la primera reunión de
padres que tuvimos en la escuela de mis hijos (una escuela de acogida, como
se dice acá, donde todos los niños son inmigrantes y van a aprender a hablar
francés), nos hicieron una serie de recomendaciones (considerando que había
gente de Irak, Irán, China, Filipinas, Bulgaria, etc.) sobre: dieta
balanceada, esquema de vacunación etc., y sobre los horarios o mejor dicho,
la organización del día que en general los niños tenían en Canadá. Levantarse
a las 6.30 hs, desayunar a las 7, entrar a la escuela a las 9, un pequeño
refrigerio a las 10.30, almuerzo a las 11.45, merienda a las 14.30, salida de
la escuela a las 15.30, cena a las 17.30, baño a las 18.30 y a la cama entre
las 19.30 y las 20 hs". "Algunas semanas después,
hicimos una pequeña reunión para inaugurar la casa (la habíamos pintado,
amueblado y adornado) y para festejar que yo había conseguido trabajo. La
reunión había sido citada a las 19 un sábado de octubre. Preparamos varias
docenas de empanadas, pollos arrollados, carré de cerdo, quesos, fiambres,
panes y vinos. Habíamos invitado a algunos argentinos que conocimos acá y a
muchos compañeros de trabajo de mi esposa. Para nuestra sorpresa, varias
personas llegaron cenadas, creyendo que era para tomar un café despues de
comer. Ya aprendimos, por supuesto, y ahora las reuniones las hacemos más
temprano y AVISAMOS QUE VENGAN SIN COMER!" "Nuestros hijos, sin
embargo siguen cenando y yendo a dormir en los horarios ´estilo argentino´. Gabriel F.: "El cambio más significativo en
nuestras vidas es haber pasado a ser visitantes en el país que elegimos
estar, por lo que se crean sensaciones de ambigüedad entre ser y pretender
ser. Como Montreal es una ciudad con muchos inmigrantes, es difícil
establecer cuál es el espíritu propio de la misma, cosa que aún no llegamos a
comprender del todo. Uno es más uno mismo y menos parte de un todo, por lo
que creo que el lugar es lo que uno hace de él." Martín: "La gran diferencia es la gente. Canadá
es un país de inmigrantes, y el hecho de convivir con gente de diferentes
nacionalidades te abre la cabeza. Se conoce gente de países como Rusia, Suecia,
Sri Lanka, con culturas totalmente distintas a la nuestra. A diferencia del
ciudadano promedio de Estados Unidos, el canadiense es una persona más culta.
Esto creo que se da por el contacto permanente y el interés por conocer las
distintas culturas con las que cohabita." "El horario de la cena en
Canadá es generalmente a las 6.30, pero nosotros tratamos de cenar un poco
más tarde. Cuando salís a cenar a un restaurante te tenés que adaptar y salir
más temprano." Eduardo: "Hay muchas, por ejemplo el hecho
de que son muy puntuales para una cita, o que los automovilistas paran para
dejar pasar al peatón en una esquina. El respeto por el otro. Me impactó
también el hecho de que para encontrar un canadiense hay que hacer una cita
como si fuera con el presidente, pues viven con la agenda completa.También el
hecho de que nadie llega a tu casa sin avisar: primero llaman por teléfono. También es difícil invitar a
cenar a un canadiense a la hora que habitualmente lo haríamos en la
Argentina, pues aquí cenan entre las 6 y las 7 de la tarde. También aprendí
que cuando le hablo a alguien o estoy en una cola no me acerco mucho a la
persona pues no está bien visto, se sienten como acorralados." Julián: "Nuestro proceso fue paulatino. Vinimos
a Canadá a pasar nuestra luna de miel en el 93 y prácticamente todos los años
regresábamos durante nuestras vacaciones. Fuimos haciendo amigos y contactos
con la Universidad McGill, donde finalmente estudiamos los dos. De esta
manera, cuando vinimos a estudiar en el año 1999 ya conocíamos mucha gente,
la universidad y las costumbres. De todas formas, lo que más me cuesta
entender es cómo mucha gente en Quebec para defender el idioma francés hace
que sus hijos no aprendan inglés. Me parece una barbaridad! " "Gracias al e-mail y al
teléfono nos comunicamos con nuestra familia casi a diario. Por suerte
podemos viajar y pasar nuestras vacaciones en la Argentina de manera que nos
sentimos muy cerca de nuestra familia y amigos argentinos." Eduardo: El orden, el respeto por las personas,
las leyes, normas, autoridades y las costumbres (todo lo que los ayude a
vivir mejor en sociedad, todo lo contrario a la anarquía), la limpieza, la
búsqueda permanente de que las cosas salgan bien o mejor, la búsqueda de la
alegría en forma sana. Gabriel G.: una de las costumbres que más me impactó
fue la participación de la gente en actividades no remuneradas. Un gran
porcentaje de la población dedica parte de su tiempo a organizaciones sin
fines de lucro. También me llamó la atención que de lo primero de lo que se
habla cuando uno conoce gente nueva o en una reunión es del clima. Esto se
debe a que en Canadá se vive con temperaturas extremas de hasta 30 bajo cero
en Invierno y alcanza los 35 grados en verano. Por otro lado, de temas
políticos sólo se habla con los íntimos, chistes no se hacen porque pueden
ofender a alguien, de religión ni que hablar, de economía no hace falta
porque no pasa nada y la gente no esta pendiente de si el dólar canadiense
bajo o subió una décima de centavo con respecto a la moneda estaodunidense. Por
eso, el clima y los deportes son los únicos temas que quedan para la charla
cotidiano, aunque el único deporte que genera una gran pasión en la gente es
el hockey sobre hielo. El resto de las tradiciones no son tan distintas de las
que se ven en las películas americanas, por lo tanto no generan gran impacto.
¿Cuáles cree que son las
principales barreras culturales que encuentra el inmigrante en Canadá? Rubén: "Sinceramente no encuentro barreras
culturales en esta ciudad. En un lugar cosmopolita, donde la característica
más distintiva es la apertura mental de la gente y lo multiétnico. Convivimos
latinoamericanos, rusos, filipinos, árabes de todas las nacionalidades,
chinos, búlgaros, rumanos, haitianos, africanos, etc. A modo de ejemplo, en
la empresa donde trabajo, específicamente en mi sector, somos 40 personas. La
mitad son canadienses, el resto son: dos chinos, un inglés, una peruana, un
francés, un iraquí, dos libaneses, un norteamericano, un portugués, una
argelina y sigue la lista hasta terminar con el jefe del sector que es de
Senegal. Cada uno aporta y comparte sus vivencias y nadie se siente afuera. Si
bien el inglés es la lengua que nos permite comunicarnos entre todos, es muy
frecuente escuchar hablar árabe, español, chino, ruso y cualquier otro idioma
en el lugar de trabajo. La sociedad te hace sentir parte suya, nunca te hace
sentir marginado o extranjero". "Otro ejemplo de ello,
como para graficar, fue lo sucedido durante la inauguración del ciclo lectivo
en la escuela de mis hijos. Cuando llegamos, nos reunimos en el salón de
deportes de la escuela. Sobre las paredes se leían carteles que indicaban:
árabe, español, ruso e inglés. Los padres nos teníamos que agrupar cerca del
cartel que mejor nos representaba. Llegó el discurso del director, en
francés, y simultáneamente fue traducido a cada uno de los otros idiomas. Luego
del discurso se debía votar por una Comisión de Padres que analizaría los
problemas que surgieran durante el año y que debería elevar regularmente su
informe a la Dirección junto con las recomendaciones para cada caso. Nueve
padres y madres fueron votados por todos. Muchos de los que estábamos votando
habíamos llegado hacía semanas a Canadá. Algunos de los que fueron elegidos
también, y ya estaban siendo parte de organizaciones que tomaban decisiones
en la educación de nuestros hijos." Gabriel F.: Las barreras culturales pasan por el
contraste entre las diferentes nacionalidades que habitan Canadá. En Montreal
hay que conocer para poder comer bien, máxime cuando se viene de un país
donde comer no es un simple ejercicio cotidiano. Martín: "Al ser un país de inmigrantes,
está muy organizada la inserción del inmigrante a la sociedad. El gobierno
brinda cursos de idioma gratis: en Quebec cursos de francés y en el resto de
Canadá cursos de inglés. Existen cursos de búsquedas de empleo, donde te
asesoran con los CV, las entrevistas, etc." "El primer trabajo es
el que más cuesta, porque currículum argentina no sirve de mucho. Lo primero
que busca el empleador es experiencia laboral canadiense. Una vez que uno
tiene experiencia laboral en Canadá, está dentro del sistema, y conseguir
otro empleo es mucho más fácil." "Una barrera adicional que existe
en la provincia de Quebec es el idioma francés." Eduardo: "La principal barrera cultural es
el idioma, sobre todo en Quebec donde es necesario hablar y escribir dos
lenguas: inglés y francés para cualquier trabajo. Aparte del hecho de que
inmediatamente sos considerado como latino, aunque ésto a veces no es tan
malo, pues tienen muy buena onda con los latinos, si bien también hay ciertos
prejuicios sobretodo a la hora de buscar trabajo." Julián: "Al inmigrante que no viene
preparado le cuesta bastante insertarse. Por ejemplo, conozco muchos
profesionales de latinoamérica que no pueden conseguir trabajo en su
profesión ya que no han estudiado aquí o no están dispuestos a hacer las
reválidas correspondientes. El que no maneja inglés -o inglés y francés en el
caso de Quebec- también tiene enormes dificultades. De todas maneras, la
gente en Canadá es muy abierta a los inmigrantes y uno enseguida se siente
parte de la cultura canadiense." Eduardo: "Superadas las dificultades del
idioma, creo que todos los argentinos allí no encuentran barreras culturales
importantes. Es muy fácil adaptarse a una vida mejor." Gabriel G.: para quienes llegamos de l aArgentina no
existen grandes barreras culturales, nos resulta fácil y sencillo superarlas,
especialmente cuando vemos los obstáculos que enfrentan otros inmigrantes
como son los asiáticos o los provenientes de los países de la ex-cortina de
hierro. Sin embargo, el idioma puede ser una barrera porque para poder
emigrar a Canadá por lo menos uno de los dos miembros principales de la
familia debe dominar el inglés y así conseguir una visa. Y para aquellos que
necesiten perfeccionar su inglés, el gobierno les brinda cursos gratuitos a
través de distintas organizaciones. ¿Siente que debió incorporar
nuevos hábitos alimentarios en este país? Rubén: "Definitivamente no. En mi familia
en particular, con abuelos españoles, alemanes, libaneses, italianos y
criollos, estamos acostumbrados a tener una dieta muy variada que
cotidianamente recorre los manjares que nos llegaron por herencia. En los
supermercados de Montreal uno encuentra una increíble variedad de pestos,
pastas, hummus, falafel, chucrut, salchichas, arenques, salmón, mariscos,
jamones, etc. Lo único que uno extraña son nuestros auténticos bifes y
asados, no porque no se consigan, sino porque la carne vacuna es realmente
cara comparada con la carne de cerdo y de pollo. Sólo para tener una idea,
con lo que uno paga dos kilos de bife con lomo ¡puede comprase una
videocassetera! También es posible conseguir, en algunos negocios del barrio
latino, todas las marcas de yerba mate, dulce de leche (argentino y
uruguayo), galletitas argentinas, achuras, tapas de empanada y muchas de
nuestras tradicionales delicias". Gabriel F.: "Existen variados tipos de cocina:
francesa, italiana, árabe, griega y la inevitable influencia de la comida
chatarra." "Nosotros deseamos mantener el sabor que traemos de
casa, por lo que solemos cocinar bastante, además vamos conociendo lugares
que si bien no reemplazan los que dejamos, se aproximan, siendo benevolentes
con esta nueva tierra. Como irse es quedarse un poco también, la idea de la
permanencia lejos de lo conocido no es en definitiva una ley escrita. Uno va
haciendo cuentas hasta que los números no dan lo que uno espera, por lo que
volver es un interrogante latente entre aquellos que nos fuimos no del todo."
Martín: "Alimentos se pueden encontrar de
todo, desde dulce de leche hasta sandwiches de miga." Eduardo: "En casa vivimos como en la
Argentina: tomamos mate, comemos asados (aunque no tan bueno como el
nuestro), dulce de leche, sandwichs de miga, empanadas, etc., etc., ya que
hay varios negocios que venden productos argentinos." Julián: "No. Cenamos más temprano que en
Buenos Aires, pero nos acostumbramos muy rápido. A mí me gusta mucho el dulce
de leche pero por suerte se puede conseguir en varios supermercados y
almacenes directamente de la Argentina." Gabriel G.: "No necesariamente porque cuando
uno cocina en casa lo hace en base a lo que compra en el supermercado y allí
la opción es de cada uno. Las frutas son importadas de todo el mundo, muchas
vienen de Chile y la Argentina. La alimentación, en general, es más cara de
lo que era en la Argentina, las carnes rojas son caras, y solo hay unas pocas
carnicerías que compran la media res y la cortan como en el Río de la Plata. Por
suerte, en Toronto hay un grupo importante de uruguayos que llegaron en los
setenta y que nos proveen de todas los productos típicos argentinos
(facturas, dulce de leche, yerba y, en algunas ocasiones, bizcochitos de
grasa). Lo que nos hemos acostumbrado
es a elegir los restaurantes en base a que tipo de comida queremos comer:
italiana, china, japonesa, griega, tex-mex, tailandesa, etc; y a condimentar
con vinagre blanco las papas fritas.
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