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Miércoles 9 de Abril de 2003 | 17:20

 

 

 

 

 

 

Historias de vida

Orden, respeto y oportunidades

Estas son las experiencias de vida de siete argentinos que, con familia o solos, para estudiar o a intentar tener un futuro laboral mejor decidieron radicarse en Canadá. Todos ellos rescatan de este país el orden, el respeto y las oportunidades que se les brindan a los inmigrantes.

Rubén Ojeda vive desde julio en Montreal junto con su esposa y tres hijos. Su historia es de las pocas en las que todo sale bien, desde lo laboral hasta la adaptación a un país en el que bastante diferente.

Gabriel Fainzaig también vive en Montreal desde mediados de los ´90, cuando logró un contrato en una empresa argentina en el área agrícola. Intentó absorber los códigos de esta sociedad cosmopolita y tan diferente a nuestra idiosincrasia.

Martín Salerno , de 28 años, vive con su esposa en Montreal desde hace un año y medio. Trabaja en el área de tecnología de una empresa del sector farmacéutico. Lo más difícil que tuvo que superar fue encontrar el primer trabajo, ya que en este país pedían antecedentes laborales canadienses.

Eduardo Guerrero tomó la decisión de vivir en Quebec para avanzar en su especialidad: ingeniería electrónica. Le costó adaptarse al frío de Canadá y a la personalidad de la gente, "que no es muy cálida como los latinos". Destaca el respeto por el otro y el funcionamiento de las instituciones.

Julian Hermida viajó a Canadá para estudiar en 1999, porque consideraba que podría avanzar más en su especialidad, el Derecho aeronáutico y Espacial. Pero al finalizar sus estudios, él y su esposa Florencia recibieron muy buenas ofertas laborales que no pudieron rechazar. Tuvieron un hijo: Milton, de 4 años, que habla inglés, español y francés.

Eduardo Ganeau es militar y viajó a Toronto para realizar un intercambio con las Fuerzas Armadas canadienses y al finalizarlo regresará al país. Tuvo que adaptarse a horarios, relaciones, hábitos, el idioma, la escuela de sus hijas... Pero casi todo el cambio fue positivo.

Gabriel Grosman es licenciado en Administración y tiene 35 años. Llegó a Canadá con su esposa Analía en enero del ´98. En la Argentina trabajaba como analista financiero en Techint Argentina y daba clases en la UCES. Actualmente trabaja como analista financiero en TD Bank. Tienen un hijo, Eitan, de 9 meses.

* * *

Rubén Ojeda a mediados de 2001 empezó a plantearse la decisión de irse del país. "La inseguridad social, la inestabilidad política y económica y el desempleo creciente fueron el caldo de cultivo en el que crecía nuestra idea de irnos. Para esa época, y después de estudiar distintos destinos, decidimos iniciar nuestros papeles inmigratorios para Canadá y específicamente Montreal por su espíritu latino en América del Norte y su potencial científico y biotecnológico (áreas en las que trabajamos mi esposa y yo)". "Los hechos de diciembre de 2001 transformaron en una decisión aquello que hasta el momento manejábamos como una alternativa."

Con tres hijos, Rodrigo de tres años, Federico de cinco y Martina de siete años en aquel momento, se embarcaron en el proyecto planificando cada detalle: desde la salida hasta la llegada.

"Comenzamos a estudiar francés (es la lengua oficial en esta provincia de Canadá) apenas decidimos venirnos. Cuando tuvimos el visto bueno de migraciones de Quebec comenzamos a buscar trabajo desde la Argentina, enviando mails a empresas y universidades. A las pocas semanas Diana, mi esposa, recibió una oferta para una beca post doctoral en el área de biología en el Hospital de Niños de Montreal, dependiente de la Universidad Mc Gill."

"Con trabajo para uno, abandonamos la búsqueda de trabajo para mí: alguno debía cuidar los chicos hasta que comenzaran las clases. Empezamos la búsqueda de lugar para vivir en Montreal. Unos amigos que llegaron antes que nosotros nos alquilaron un departamento. Era tiempo de vender auto, muebles y alquilar el departamento de Buenos Aires. Así lo hicimos y finalmente nos vinimos. Llegamos a Montreal el 1° de julio, día de Canadá."

Había que reconstruir todo nuevamente, comprar muebles y electrodomésticos y sobre todo transformar una casa en un hogar. Mi esposa comenzó a trabajar a las pocas semanas de llegados y los chicos empezaron el colegio en septiembre. En ese momento, y con más tiempo libre, comencé a buscar intensamente trabajo. En octubre tenía firmado un contrato con una empresa de biotecnología holandesa con sucursal en Montreal."

"Hoy, después de cinco meses de estar acá, mis hijos se manejan fluidamente en francés gracias al programa de acogida para inmigrantes de las escuelas de Canadá."

"Mi esposa que es bióloga trabaja en investigación, como lo había hecho durante muchos años en la Argentina. Y yo que soy bioquímico estoy trabajando en una empresa de biotecnología, al igual que lo hice durante siete años para una empresa en Buenos Aires."

"Nuestra historia como inmigrantes fue muy afortunada; en parte por no haber dejado en este camino cosa libradas al azar, en parte por la ayuda que recibimos de nuestros amigos en Montreal y de la gente que generosamente hizo cartas de recomendación que nos abrieron puertas para nuestro empleos; en parte porque la suerte estuvo con nosotros."

Rubén cuenta que la sensación de vivir en ese país es dual. "Laboral y socialmente, vivimos una tranquilidad que no teníamos en nuestro país y con perspectivas profesionales más que interesantes. Diríamos que ganamos mucho en poco tiempo. Por otro lado, y no menos importante, es que tenemos una sensación como de vacío por haber dejado afectos que no podrán ser reemplazados jamás, y que tiran el corazón para el sur. Digamos, entonces, que perdimos mucho en poco tiempo".

Gabriel Fainzaig: "Creo que uno nunca termina de irse de su país de origen. Uno es parte de lo que deja y se lleva el resto. La Argentina durante mucho tiempo echóo a su gente, con la indiferencia de sus gobernantes y el dolor de las familias. Yo viví mucho tiempo fuera del país, mas por motivos personales volví y regeneré mi vida nuevamente; esto fue hacia mediados de los ´90."

"Invertí dinero, esfuerzo, tiempo y muchas esperanzas, y con el tiempo perdí casi todo, menos a mi esposa e hija, mi fuerza y mi ilusión, esta última ya no ligada al país."

"A pesar de mi deseo de permanecer en la Argentina, fue más fuerte la necesidad de superarnos lo que nos decidió a dejar la Argentina, con todo lo que ello implica. Desgarros, miedos, dolores de confusión, silencios abrumadores y la terrible responsabilidad de decidir irse. Se dieron las cosas y logré un contrato para representar una empresa argentina en el área agrícola."

"Llegamos a Canadá, y poco a poco comenzamos a adaptarnos. La vida no cambió al llegar sino al momento de partir, mas ni bien llegamos a Montreal comenzamos una nueva vida, intentando absorber los códigos de esta sociedad cosmopolita y tan diferente a nuestra idiosincrasia."

Martín Salerno , de 28 años, vive con su esposa en Montreal desde hace un año y medio. Trabaja en el área de tecnología de una empresa en el sector farmacéutico. Lo más difícil que tuvo que superar fue encontrar el primer trabajo, ya que en este país pedían antecedentes laborales canadienses.

Los principales cambios se dan en el invierno, que dura desde principios de diciembre hasta mediados de abril. Es muy crudo, llega a hacer -40 grados de sensación térmica. Por las mañanas, mientras se calienta el auto, con un cepillo le sacamos la nieve y con una pala abrimos un camino para poder salir de casa.

Eduardo Guerrero tomó la decisión de vivir en otro país para avanzar en su especialidad: ingeniería electrónica. "Hice un posgrado en Alemania en la parte de aviación y cuando regresé al país sentí que no estaba en el lugar adecuado para poder crecer en este área debido al poco desarrollo en aeroespacial en la Argentina en este campo."

Le costó adaptarse al frío de Canadá y a la personalidad de la gente, "que no es muy cálida como los latinos". Destaca el respeto por el otro y el funcionamiento de las instituciones. "La vida en Canadá es un poco difícil al principio, ya que hay que acostumbrarse al frío, el invierno es muy largo y hay muy poca luz. Además, la gente no es muy cálida como somos los latinos y las formas de relacionarse son muy diferentes. Todo eso hace que al principio la vida se haga un poco dura. Es increíble, pero estando en Alemania me sentí mas cerca de casa que aquí, al menos pude hacer más amigos alemanes que canadienses."

"Cuesta mucho hacerse un lugar en lo laboral. Poco importa cuáles sean tus competencias, siempre debes demostrar que sos más que la gente de aquí (desempleo en Quebec: 8.4%, desempleo entre los inmigrantes diplomados: 19.4%) y ésto no es un tema menor. Por ejemplo, a mí me costó más hacerme un lugar muy chiquito aquí en Quebec que en Alemania, donde llegué a trabajar en Deustche Aerospace sin mucho esfuerzo."

"Sin embargo, debo decir que no todo es negativo, pues hay muchas cosas que positivas como el hecho de que la gente te respeta mucho, el sistema es súper organizado: uno puede hacer previsiones pues no hay como en la Argentina grandes discontinuidades. También el hecho de que las instituciones funcionan bien. Por ejemplo, la ley se hace cumplir en un 100%. Uno sabe a qué hay que atenerse, qué puede hacer y qué está prohibido."

Esta es la historia de Julián Hermida: "Me vine a Canadá a estudiar porque en la Argentina había llegado a un techo dentro de mi especialidad, el Derecho Aeronáutico y Espacial. Mi idea era perfeccionarme acá y luego volver a la Argentina. Lo que pasó es que apenas terminé mi master en Derecho Aeronáutico y Espacial en la Universidad McGill y no bien empecé el doctorado en la misma especialidad me ofrecieron un puesto de abogado en la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), en la organización más importante del mundo, que fue muy difícil de rechazar. A partir de ese momento, tanto mi esposa Florencia como yo tuvimos varias ofertas de trabajo, lo que hizo que pidiéramos la residencia permanente y nos radicáramos aquí. Hoy, después de haber concluido mi doctorado y mi postdoctorado en Canadá yo trabajo como consultor en materia aeroespacial para grandes empresas internacionales y mi esposa es profesora en la Universidad."

La vida de Julián, según sus propias palabras, cambió para mejor. "No tenemos problemas económicos ni de seguridad y estamos criando a nuestro hijo, Milton (tiene 4 años y habla inglés, español y francés) en un sistema educativo de primerísimo nivel, que en la Argentina es muy difícil de igualar. Tenemos acceso a medicina y educación de primer nivel en forma gratuita y la universidad y distintas organizaciones canadienses nos financiaron nuestros estudios de postgrado casi en su totalidad."

Eduardo Ganeau "En ningún caso el cambio fue una opresión, salvo el teléfono para mi esposa e hijas en los primeros dos meses. Canadá es un país para tomar como ejemplo acerca de cómo una sociedad con dificultades geográficas, climáticas y demográficas puede estár teniendo un crecimiento explosivo."

Para Gabriel Grosman cambiar de país no fue algo fácil de llevar adelante. A su mujer, Analía, le llevo 3 años pasar todas las trabas que existen para poder ejercer su profesión de kinesióloga y fisioterapeuta. Durante esos tres años tuvo que trabajar como asistente de fisioterapia, estudiar para los exámenes profesionales sobre el total de sus estudios y recién entonces pudo obtener su licenciatura profesional e ingresar a trabajar en un hospital.

"Para aquellos que no tenemos profesiones reguladas la batalla para volver al punto profesional antes de emigrar es mucho mas ardua de lo que parece antes de mudarse. En la Argentina me desempañaba como analista financiero en el grupo empresario más grande del país. Antes de mudarnos, pensé que sería muy sencillo encontrar trabajo, sin embargo no lo fue. Tardé cinco meses en conseguir el primer trabajo full-time, cuando no me decían que estaba sobre-calificado, me decían que no tenía experiencia canadiense."

"Por eso, decidimos que debía obtener algún certificado o título canadiense y nos mudamos a Toronto donde realicé mi MBA en York University. Sin embargo, la explosión de la burbuja tecnológica hizo que llevara bastante tiempo conseguir un trabajo. Finalmente, pude entrar a trabajar en uno de los cinco bancos canadienses (TD Bank). De allí en más la vida se normalizó, salvo por el hecho de que al mismo tiempo que empecé a trabajar nació nuestro primer hijo, que hoy tiene 9 meses."

"Nuestra vida cambió, tuvimos que aprender que las calificaciones no bastan para conseguir trabajo. Que se quiera o no hay que tomar créditos, para crear historia crediticia sin la cual no se puede obtener ni una tarjeta de crédito, ni una hipoteca para comprar una casa o departamento."

* * *

¿Cuáles fueron las costumbres y tradiciones canadienses que más le impactaron?

Rubén: "Creo que los horarios de las comidas fue lo que más me llamó la atención. Durante la primera reunión de padres que tuvimos en la escuela de mis hijos (una escuela de acogida, como se dice acá, donde todos los niños son inmigrantes y van a aprender a hablar francés), nos hicieron una serie de recomendaciones (considerando que había gente de Irak, Irán, China, Filipinas, Bulgaria, etc.) sobre: dieta balanceada, esquema de vacunación etc., y sobre los horarios o mejor dicho, la organización del día que en general los niños tenían en Canadá. Levantarse a las 6.30 hs, desayunar a las 7, entrar a la escuela a las 9, un pequeño refrigerio a las 10.30, almuerzo a las 11.45, merienda a las 14.30, salida de la escuela a las 15.30, cena a las 17.30, baño a las 18.30 y a la cama entre las 19.30 y las 20 hs".

"Algunas semanas después, hicimos una pequeña reunión para inaugurar la casa (la habíamos pintado, amueblado y adornado) y para festejar que yo había conseguido trabajo. La reunión había sido citada a las 19 un sábado de octubre. Preparamos varias docenas de empanadas, pollos arrollados, carré de cerdo, quesos, fiambres, panes y vinos. Habíamos invitado a algunos argentinos que conocimos acá y a muchos compañeros de trabajo de mi esposa. Para nuestra sorpresa, varias personas llegaron cenadas, creyendo que era para tomar un café despues de comer. Ya aprendimos, por supuesto, y ahora las reuniones las hacemos más temprano y AVISAMOS QUE VENGAN SIN COMER!" "Nuestros hijos, sin embargo siguen cenando y yendo a dormir en los horarios ´estilo argentino´.

Gabriel F.: "El cambio más significativo en nuestras vidas es haber pasado a ser visitantes en el país que elegimos estar, por lo que se crean sensaciones de ambigüedad entre ser y pretender ser. Como Montreal es una ciudad con muchos inmigrantes, es difícil establecer cuál es el espíritu propio de la misma, cosa que aún no llegamos a comprender del todo. Uno es más uno mismo y menos parte de un todo, por lo que creo que el lugar es lo que uno hace de él."

Martín: "La gran diferencia es la gente. Canadá es un país de inmigrantes, y el hecho de convivir con gente de diferentes nacionalidades te abre la cabeza. Se conoce gente de países como Rusia, Suecia, Sri Lanka, con culturas totalmente distintas a la nuestra. A diferencia del ciudadano promedio de Estados Unidos, el canadiense es una persona más culta. Esto creo que se da por el contacto permanente y el interés por conocer las distintas culturas con las que cohabita." "El horario de la cena en Canadá es generalmente a las 6.30, pero nosotros tratamos de cenar un poco más tarde. Cuando salís a cenar a un restaurante te tenés que adaptar y salir más temprano."

Eduardo: "Hay muchas, por ejemplo el hecho de que son muy puntuales para una cita, o que los automovilistas paran para dejar pasar al peatón en una esquina. El respeto por el otro. Me impactó también el hecho de que para encontrar un canadiense hay que hacer una cita como si fuera con el presidente, pues viven con la agenda completa.También el hecho de que nadie llega a tu casa sin avisar: primero llaman por teléfono.

También es difícil invitar a cenar a un canadiense a la hora que habitualmente lo haríamos en la Argentina, pues aquí cenan entre las 6 y las 7 de la tarde. También aprendí que cuando le hablo a alguien o estoy en una cola no me acerco mucho a la persona pues no está bien visto, se sienten como acorralados."

Julián: "Nuestro proceso fue paulatino. Vinimos a Canadá a pasar nuestra luna de miel en el 93 y prácticamente todos los años regresábamos durante nuestras vacaciones. Fuimos haciendo amigos y contactos con la Universidad McGill, donde finalmente estudiamos los dos. De esta manera, cuando vinimos a estudiar en el año 1999 ya conocíamos mucha gente, la universidad y las costumbres. De todas formas, lo que más me cuesta entender es cómo mucha gente en Quebec para defender el idioma francés hace que sus hijos no aprendan inglés. Me parece una barbaridad! "

"Gracias al e-mail y al teléfono nos comunicamos con nuestra familia casi a diario. Por suerte podemos viajar y pasar nuestras vacaciones en la Argentina de manera que nos sentimos muy cerca de nuestra familia y amigos argentinos."

Eduardo: El orden, el respeto por las personas, las leyes, normas, autoridades y las costumbres (todo lo que los ayude a vivir mejor en sociedad, todo lo contrario a la anarquía), la limpieza, la búsqueda permanente de que las cosas salgan bien o mejor, la búsqueda de la alegría en forma sana.

Gabriel G.: una de las costumbres que más me impactó fue la participación de la gente en actividades no remuneradas. Un gran porcentaje de la población dedica parte de su tiempo a organizaciones sin fines de lucro. También me llamó la atención que de lo primero de lo que se habla cuando uno conoce gente nueva o en una reunión es del clima. Esto se debe a que en Canadá se vive con temperaturas extremas de hasta 30 bajo cero en Invierno y alcanza los 35 grados en verano. Por otro lado, de temas políticos sólo se habla con los íntimos, chistes no se hacen porque pueden ofender a alguien, de religión ni que hablar, de economía no hace falta porque no pasa nada y la gente no esta pendiente de si el dólar canadiense bajo o subió una décima de centavo con respecto a la moneda estaodunidense. Por eso, el clima y los deportes son los únicos temas que quedan para la charla cotidiano, aunque el único deporte que genera una gran pasión en la gente es el hockey sobre hielo. El resto de las tradiciones no son tan distintas de las que se ven en las películas americanas, por lo tanto no generan gran impacto.

¿Cuáles cree que son las principales barreras culturales que encuentra el inmigrante en Canadá?

Rubén: "Sinceramente no encuentro barreras culturales en esta ciudad. En un lugar cosmopolita, donde la característica más distintiva es la apertura mental de la gente y lo multiétnico. Convivimos latinoamericanos, rusos, filipinos, árabes de todas las nacionalidades, chinos, búlgaros, rumanos, haitianos, africanos, etc. A modo de ejemplo, en la empresa donde trabajo, específicamente en mi sector, somos 40 personas. La mitad son canadienses, el resto son: dos chinos, un inglés, una peruana, un francés, un iraquí, dos libaneses, un norteamericano, un portugués, una argelina y sigue la lista hasta terminar con el jefe del sector que es de Senegal. Cada uno aporta y comparte sus vivencias y nadie se siente afuera. Si bien el inglés es la lengua que nos permite comunicarnos entre todos, es muy frecuente escuchar hablar árabe, español, chino, ruso y cualquier otro idioma en el lugar de trabajo. La sociedad te hace sentir parte suya, nunca te hace sentir marginado o extranjero".

"Otro ejemplo de ello, como para graficar, fue lo sucedido durante la inauguración del ciclo lectivo en la escuela de mis hijos. Cuando llegamos, nos reunimos en el salón de deportes de la escuela. Sobre las paredes se leían carteles que indicaban: árabe, español, ruso e inglés. Los padres nos teníamos que agrupar cerca del cartel que mejor nos representaba. Llegó el discurso del director, en francés, y simultáneamente fue traducido a cada uno de los otros idiomas. Luego del discurso se debía votar por una Comisión de Padres que analizaría los problemas que surgieran durante el año y que debería elevar regularmente su informe a la Dirección junto con las recomendaciones para cada caso. Nueve padres y madres fueron votados por todos. Muchos de los que estábamos votando habíamos llegado hacía semanas a Canadá. Algunos de los que fueron elegidos también, y ya estaban siendo parte de organizaciones que tomaban decisiones en la educación de nuestros hijos."

Gabriel F.: Las barreras culturales pasan por el contraste entre las diferentes nacionalidades que habitan Canadá. En Montreal hay que conocer para poder comer bien, máxime cuando se viene de un país donde comer no es un simple ejercicio cotidiano.

Martín: "Al ser un país de inmigrantes, está muy organizada la inserción del inmigrante a la sociedad. El gobierno brinda cursos de idioma gratis: en Quebec cursos de francés y en el resto de Canadá cursos de inglés. Existen cursos de búsquedas de empleo, donde te asesoran con los CV, las entrevistas, etc." "El primer trabajo es el que más cuesta, porque currículum argentina no sirve de mucho. Lo primero que busca el empleador es experiencia laboral canadiense. Una vez que uno tiene experiencia laboral en Canadá, está dentro del sistema, y conseguir otro empleo es mucho más fácil." "Una barrera adicional que existe en la provincia de Quebec es el idioma francés."

Eduardo: "La principal barrera cultural es el idioma, sobre todo en Quebec donde es necesario hablar y escribir dos lenguas: inglés y francés para cualquier trabajo. Aparte del hecho de que inmediatamente sos considerado como latino, aunque ésto a veces no es tan malo, pues tienen muy buena onda con los latinos, si bien también hay ciertos prejuicios sobretodo a la hora de buscar trabajo."

Julián: "Al inmigrante que no viene preparado le cuesta bastante insertarse. Por ejemplo, conozco muchos profesionales de latinoamérica que no pueden conseguir trabajo en su profesión ya que no han estudiado aquí o no están dispuestos a hacer las reválidas correspondientes. El que no maneja inglés -o inglés y francés en el caso de Quebec- también tiene enormes dificultades. De todas maneras, la gente en Canadá es muy abierta a los inmigrantes y uno enseguida se siente parte de la cultura canadiense."

Eduardo: "Superadas las dificultades del idioma, creo que todos los argentinos allí no encuentran barreras culturales importantes. Es muy fácil adaptarse a una vida mejor."

Gabriel G.: para quienes llegamos de l aArgentina no existen grandes barreras culturales, nos resulta fácil y sencillo superarlas, especialmente cuando vemos los obstáculos que enfrentan otros inmigrantes como son los asiáticos o los provenientes de los países de la ex-cortina de hierro. Sin embargo, el idioma puede ser una barrera porque para poder emigrar a Canadá por lo menos uno de los dos miembros principales de la familia debe dominar el inglés y así conseguir una visa. Y para aquellos que necesiten perfeccionar su inglés, el gobierno les brinda cursos gratuitos a través de distintas organizaciones.

¿Siente que debió incorporar nuevos hábitos alimentarios en este país?

Rubén: "Definitivamente no. En mi familia en particular, con abuelos españoles, alemanes, libaneses, italianos y criollos, estamos acostumbrados a tener una dieta muy variada que cotidianamente recorre los manjares que nos llegaron por herencia. En los supermercados de Montreal uno encuentra una increíble variedad de pestos, pastas, hummus, falafel, chucrut, salchichas, arenques, salmón, mariscos, jamones, etc. Lo único que uno extraña son nuestros auténticos bifes y asados, no porque no se consigan, sino porque la carne vacuna es realmente cara comparada con la carne de cerdo y de pollo. Sólo para tener una idea, con lo que uno paga dos kilos de bife con lomo ¡puede comprase una videocassetera! También es posible conseguir, en algunos negocios del barrio latino, todas las marcas de yerba mate, dulce de leche (argentino y uruguayo), galletitas argentinas, achuras, tapas de empanada y muchas de nuestras tradicionales delicias".

Gabriel F.: "Existen variados tipos de cocina: francesa, italiana, árabe, griega y la inevitable influencia de la comida chatarra." "Nosotros deseamos mantener el sabor que traemos de casa, por lo que solemos cocinar bastante, además vamos conociendo lugares que si bien no reemplazan los que dejamos, se aproximan, siendo benevolentes con esta nueva tierra. Como irse es quedarse un poco también, la idea de la permanencia lejos de lo conocido no es en definitiva una ley escrita. Uno va haciendo cuentas hasta que los números no dan lo que uno espera, por lo que volver es un interrogante latente entre aquellos que nos fuimos no del todo."

Martín: "Alimentos se pueden encontrar de todo, desde dulce de leche hasta sandwiches de miga."

Eduardo: "En casa vivimos como en la Argentina: tomamos mate, comemos asados (aunque no tan bueno como el nuestro), dulce de leche, sandwichs de miga, empanadas, etc., etc., ya que hay varios negocios que venden productos argentinos."

Julián: "No. Cenamos más temprano que en Buenos Aires, pero nos acostumbramos muy rápido. A mí me gusta mucho el dulce de leche pero por suerte se puede conseguir en varios supermercados y almacenes directamente de la Argentina."

Gabriel G.: "No necesariamente porque cuando uno cocina en casa lo hace en base a lo que compra en el supermercado y allí la opción es de cada uno. Las frutas son importadas de todo el mundo, muchas vienen de Chile y la Argentina. La alimentación, en general, es más cara de lo que era en la Argentina, las carnes rojas son caras, y solo hay unas pocas carnicerías que compran la media res y la cortan como en el Río de la Plata. Por suerte, en Toronto hay un grupo importante de uruguayos que llegaron en los setenta y que nos proveen de todas los productos típicos argentinos (facturas, dulce de leche, yerba y, en algunas ocasiones, bizcochitos de grasa).

Lo que nos hemos acostumbrado es a elegir los restaurantes en base a que tipo de comida queremos comer: italiana, china, japonesa, griega, tex-mex, tailandesa, etc; y a condimentar con vinagre blanco las papas fritas.

 

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LANACION.com | 09.04.2003 | 17:20 | Información general

 

 

 

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